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May 03

Los medios en la vecindad y la vecindad en los medios

 

 

La vida cotidiana de los mexicanos en la pantalla

La vida cotidiana de los mexicanos en la pantalla

La vida cotidiana de los mexicanos en la pantalla: Primero la prensa, después el cine y finalmente la televisión han estado presentes en nuestra vida cotidiana en la ciudad.

Los medios han contribuido a la construcción del imaginario urbano sobre cómo se vive cotidianamente en los espacios públicos y al interior de los hogares. En las habitaciones, la sala, el comedor y hasta en la cocina de las casas de la Ciudad de México se puede encontrar entre el mobiliario de uso cotidiano, un aparato receptor de televisión. Así mismo, estos espacios de la casa y sobre todo los grandes patios de las viejas vecindades y los jardines de las más actuales unidades habitacionales se han visto representados en diversas producciones cinematográficas televisivas con historias del “ser mexicano”.

En las habitaciones, la sala, el comedor y hasta en la cocina de las casas de la Ciudad de México se puede encontrar entre el mobiliario de uso cotidiano, un aparato receptor de televisión. De la misma manera, la sala, el comedor, las habitaciones y sobre todo, los grandes patios de las viejas vecindades y los jardines de las más actuales unidades habitacionales se han visto representados en diversas producciones cinematográficas televisivas desde que éstos medios de comunicación llegaron para formar parte de la historia de México.

Las ciudades son imaginadas por los medios como los lugares donde los cambios acaban siendo absorbidos por la normalidad, y lo que desborda y quiebra el orden urbano es recompuesto en última instancia por las síntesis informativas mediáticas. A los ciudadanos se los imagina como clientes, como legitimadores de la “veracidad” construida por los medios, como interlocutores necesarios para justificar a éstas ante los poderes (económicos, políticos), que también son clientes en tanto anunciantes y socios de la reproducción del orden (García Canclini 1996: 20).

La televisión muestra la forma de vida de los habitantes de la ciudad en el interior mismo de sus hogares a través de los programas y películas que los ciudadanos acostumbran ver en televisión, se conforma y se reconforma una y otra vez el imaginario urbano de la vida colectiva en la ciudad.

La vida urbana de la Ciudad de México se ha visto reflejada también en medios de comunicación que no se consumen necesariamente en la intimidad del hogar como el cine y la prensa, sin embargo, su consumo da cabida a apropiaciones individuales de sus contenidos, que posteriormente se integran al imaginario colectivo de la vida en la ciudad.

“La ciudad también es un escenario de lenguaje, de evocaciones y sueños de imágenes, de variadas escrituras. No debe extrañarnos, pues, que la ciudad haya sido definida como la imagen de un mundo; pero esta idea se complementaría diciendo que la ciudad es del mismo modo lo contrario: el mundo de una imagen, que lenta y colectivamente se va construyendo y volviendo a construir incesantemente” (Silva, 1992: 15).

Primero la prensa, después el cine y finalmente la televisión han estado presentes desde épocas distintas y hasta nuestros días en la vida cotidiana de la ciudad. Los medios han creado instancias de participación e interacción distintas, han aumentado el acceso a la información, han contribuido a la construcción del imaginario urbano sobre cómo se vive cotidianamente la ciudad en los espacios públicos y cómo se vive en la ciudad en lo privado al interior de los hogares.

La Familia Burrón de Gabriel VargasEn algunas tiras cómicas de los diarios y revistas que hoy casi han desaparecido, se representaba a la familia de vecindad, el mejor ejemplo es “La familia Burrón” de Gabriel Vargas, que hacía una parodia humorística y colorida de la forma de vida del mexicano urbano desde la clase media baja a la más humilde, en las casas y patios de las vecindades y en los mercados con personajes y lenguajes de mediados del Siglo XX.

Pero donde mayormente se ha representado la vida dentro de los hogares de los urbanitas mexicanos en las vecindades, unidades habitacionales, grandes residencias, casas humildes, ciudades perdidas, barrios, coladeras, y vías públicas es en una gran cantidad de producciones cinematográficas y televisivas que se basan en realidades construidas a partir de la mezcla de estereotipos con que van configurando imágenes de las distintas clases sociales, los procesos históricos, las formas de vida y las costumbres que conforman la identidad del mexicano.

Ana Rosas (Mantecón, 1996: 119) escribe que las peculiares condiciones de la Ciudad de México en los años cuarenta la convirtieron en un espacio privilegiado para el encuentro entre las producciones nacionales y el público: acudir al cine formaba parte de un abanico de prácticas, de recorridos y complicidades en los que se desenvolvía la vida pública de la urbe. Pero también el cine, desde la llamada “época de oro” y hasta la fecha, ha representado la vida urbana en el ámbito de lo privado en innumerables ocasiones.

Gracias al cine, la vida moderna y la vida tradicional modifican y mezclan sus señales […] En la oscuridad se engendra “la relativización de la ética” o como se diga al distanciamiento de los criterios fundamentalistas. Por lo mismo, los personajes enumerados a continuación jamás identificarían lo íntimo con lo cotidiano: un obrero de Celaya, un campesino de la sierra de Oaxaca, una mesera de Chihuahua; una “fabriqueña” de la ciudad de México, una joven en edad de merecer… En el apiñamiento urbano, en la sociedad rural, en el aturdimiento de los horarios interminables de trabajo, “lo intimo” no es lo que se vive sino lo que se desearía vivir, el fluir de los sueños, mientras más colectivos más personales. Cada melodrama es el encuentro con la identidad, cada comedia reitera que no se vive en vano. (Monsiváis; 1994: 62)

Muchas de éstas historias cobran vida en las “vecindades”, íconos de las clases olvidadas por el progreso económico, micro ciudades en donde la frontera entre lo público y lo privado se desdibuja en los grandes patios donde se cruzan las miradas, los saludos, las vivencias, los pleitos, las envidias y donde los secretos de lo privado se hacen públicos en los lavaderos y en los pasillos.

Carlos (Monsiváis, 2004) distingue cuatro tratamientos clásicos de la vecindad en los medios de comunicación en donde se definen esas comunidades que entonces se creían simplemente “acumulaciones de vecinos”:

Nosotros los pobres (México, 1947)1. “La del teatro, como Los signos del Zodiaco, de Sergio Magaña sobre la vecindad como antecedente directo de El Ángel Exterminador, la ronda de seres enfermizos y frustrados, el lugar donde coinciden la portera con pretensiones, el joven comunista, las solteronas amargadas, la maestra enloquecida.

2. La vecindad del cómic, desde luego La Familia Burrón, sitio humorístico por definición, desbordante de personajes que de tan paródicos sólo pueden surgir de la realidad.

3. La vecindad de Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis, el santuario de la Casa Blanca, en donde los destinos, de tan inmovilizados por la grabadora, desembocan en esa teoría antropológica tan inconvincente, “la cultura de la pobreza”.

4. Y la cuarta vecindad, la del cine popular, de Pepe El Toro y La Chorreada (Ismael Rodríguez) o del auge y la caída del boxeador Kid Terranova (Campeón sin corona, 1947, de Alejandro Galindo)”.

“El callejón de los milagros” (México, 1995)Estos son algunos ejemplos representativos de la recreación de la vida en vecindad en el cine mexicano: “Nosotros los pobres” en donde Pepe “el Toro” y su familia libran una ardua batalla contra la injusticia, ayudados por un pintoresco grupo de vecinos y amigos cuando él es acusado de un asesinato, en ésta, en “Un rincón cerca del cielo” y en muchas producciones más, la figura de Pedro Infante da carisma a “la ciudad generosa y solidaria, en donde las desgracias (que abundan) se resuelven en las emociones y regocijos que comparten protagonistas y espectadores” (Bonfil, 2001); “Amorcito corazón” una historia entre salas de cine, vecindades y azoteas; “El bruto” donde Pedro descarga su enorme fuerza en los vecinos y su primitiva pasión en Paloma, la amante de don Andrés; “¡Ay amor… cómo me has puesto!”; “El rey del barrio”, “Lagunilla mi barrio”, “Ustedes los ricos”, “Casa de vecindad”, “El ratero de la vecindad I y II”, y producciones más recientes como “El Callejón de los milagros”; y más recientemente, “Santos Peregrinos” en donde figuras actuales de exitosos programas de televisión, como Adal Ramones, asumen el papel de vecinos de una vecindad en pleno Centro Histórico en donde se arma una trama de traiciones y codicia entre las distintas familias que viven ahí.

Al cabo, las vecindades no desaparecen, su forma tradicional merma y existe sólo en los barrios legendarios, en los mayormente marginados, en las colonias del centro hacia el norte y el oriente, Tepito, La lagunilla, Morelos. En programas de vivienda se han reconstruido si perder sus patios, las entradas y salidas delanteras y traseras, si dejar de ser espacios estigmatizados por la violencia, la inseguridad y por ser el lugar de resguardo de delincuentes y asaltantes.

La ciudad se moderniza y también encontramos las historias de los conjuntos habitacionales sucesores de las vecindades, los condominios o departamentos en conjuntos verticales que dan lugar a nuevas historias en donde se entretejen las vidas de sus habitantes y de manera más discreta, se cruzan las formas de vida en las escaleras, los pasillos, los estacionamientos, las tiendas cercanas, los espacios de recreación o incluso en el interior de las pequeñas habitaciones:

“Sexo pudor y lágrimas” (México, 1998)Cintas como “Mujer en condominio”; “Luna de miel en condominio”; “Conserje en condominio”; abren paso a la representación de la vida en éstos nuevos conjuntos habitacionales. Después, viene “Sin remitente” en donde un viejo trabajador de una oficina de correos comparte con su joven y desatada vecina la estrechez del edificio de departamentos; “Corazones rotos” en donde profesionistas, intelectuales, comerciantes y burócratas conviven y se relacionan a partir de una cada vez más estrecha vecindad en un edificio de departamentos; Sexo, pudor y lágrimas, famosa producción donde un grupo de hombres en un edificio de una colonia de recursos medios, buscan interactuar con un grupo de mujeres que habitan en un departamento de enfrente desde donde mantienen contacto visual permanente; “Amores Perros” que en sus tres historias representa la vida de un vagabundo y su andar desde ciudades perdidas hasta Polanco, la vida en los barrios en donde la necesidad obliga a robar, y la vida infeliz en un departamento de clase media alta; “Crónica de un desayuno” donde en tiempo real vemos por dos horas la ficción de la convivencia en familia desde el despertar hasta salir de casa; y muy recientemente; “Temporada de patos” nos transporta a un departamento de Tlatelolco donde la vida cotidiana moderna en la urbe, se rompe y casi se paraliza por la falta de energía eléctrica, y con ello de televisión, videojuegos y otros aparatos eléctricos, dando paso a formas poco cotidianas y olvidadas de interacción.

“Hay lugar para dos, Una familia de tantas, Esquina bajan, Campeón sin corona, todas de Alejandro Galindo, cronista excelente de la urbe real y a la vez imaginaria. La ciudad solidaria también propone renovaciones de su humor picaresco, y aunque el “peladito” capitalino que con tanto vigor encarnó Cantinflas años atrás, se ha convertido ya, para principios de los cincuenta, en muestrario fatigoso de humor autoparódico, figuras cómicas como Tin Tan, Resortes (El rey del barrio) y Mantequilla se encargan de revitalizar al cine urbano” (Carlos Bonfil, 2001)

Y del cine también a la televisión se trasladan las películas con sus vecindades, condominios, departamentos, salas, recámaras, comedores y patios, también aquí existe el “humor autoparódico” que menciona Carlos Bonfil. Un buen ejemplo es la exitosa serie de “El Chavo del 8” que también reconstruye la vida en vecindad con sus característicos personajes (el niño huérfano, el desempleado que no tiene para pagar la renta, la solterona, el casero, etc.) y sus frases (Bueno, pero no se enoje!, ¡Eso, eso, eso, eso…!, ¡Se me chispoteo!, “Ahora si te toco el ocho”, ¡Es que no me tienen paciencia!, Fue sin querer queriendo, ¡Zas, zas, que yo jugaba…!).

“El chavo del 8” (México, 1971)El 20 junio de 1971 sale al aire en el Canal 8 de Televisión Independiente de México “El Chavo del 8”, un año después, esa televisora se fusiona con Telesistema Mexicano que contaba con los canales 2, 4 y 5 y surge así Televisión Vía Satélite, S.A. (Televisa) lo que da un alcance mayor y un éxito insospechado en México y América Latina a la serie cómica producida, escrita y dirigida por “Chespirito”, Roberto Gómez Bolaños. La serie parodia a la vida en vecindad de los años 70 que todavía alcanza un alto nivel de audiencia en los canales abiertos de televisión en horarios estelares.

El alcance de “El Chavo del 8” ha sido tal, que hoy se pueden encontrar varias páginas de internet creadas por seguidores del programa en varios países de América Latina que recrean a su manera la historia de la vida en la vecindad mexicana de “El chavo del 8”

Un ejemplo es la página web desarrollada en Costa Rica por Javier Portugués y Esteban Portugués que se presentan como un “Sitio no oficial basado en los capítulos pertenecientes de 1971 a 1978” y escriben: “Llega a la vecindad a la edad de 4 años, y ha vivido ahí durante otros 4 años más. Vive en el apartamento #8, pero nunca nadie ha visto esta casa, se dice que está en la planta baja; y según doña Florinda el Chavo duerme en un petate […] todas las veces que alguien le pregunta con quien vive o cual es su verdadero nombre, otra persona interrumpe la conversación. El Chavo dice que sí tiene padres, pero todavía no se los han presentado. Cada vez que llora entra al barril […]Otra característica del Chavo es que cuando se asusta mucho le da la garrotera (se queda inmóvil y siente como si sintiera que no estuviera sintiendo nada) pero vuelve en sí al tirarle un poco de agua en su rostro.” (http:// www.chavodel8.com)

En la televisión también se acentúan las representaciones de la vida en condominios y unidades habitacionales de distintos niveles socio económicos con el desarrollo de las historias de telenovelas y series que muestran e incorporan al imaginario urbano la forma de vida de las familias mexicanas, que tanto pobres como ricas, aman, ríen, comen, lloran, sufren, vagan, odian y desprecian. Son las historias de los buenos y los villanos de la vida en telenovelas.

“La telenovela es un género que más que cualquier otro se vive por fuera de su ámbito propiamente textual, es decir cuyo sentido y disfrute remiten más al contexto familiar, vecinal, de trabajo o de amistad que al texto mismo. La telenovela es objeto de reaparición constante en las comunicaciones cotidianas, objeto de lecturas diversas dentro y fuera de la casa” (Barbero, 1992: 32).

De esta forma, las telenovelas, el género privilegiado de la televisión mexicana en el mundo, ha contribuido en gran medida a la construcción del imaginario urbano de la Ciudad de México fuera y dentro de la intimidad de los hogares.

En un principio, las telenovelas eran escritas y escenificadas para personas con un bajo nivel de educación. Hoy el género se dirige al total de la población y se producen telenovelas específicas donde se cuida mucho su contenido y nivel de producción, como “Mirada de Mujer” y otras especialmente creadas para los niños.

La telenovela respeta los elementos narrativos básicos de la novela literaria, pero se divide en capítulos para seriar la trama y episodios que son fragmentados a su vez para poder introducir anuncios publicitarios. Se utiliza al suspenso como gancho para mantener el interés del telespectador en una trama de odios e intrigas que normalmente desembocan en el amor y la unión de la pareja que triunfa sobre los villanos.

“Los de la televisión […] Son relatos “mediovirtuales” y las fantasías que por ahí se cuelen pueden determinar la escena cotidiana. Es decir, la televisión nos está sirviendo, sobre todo, para fantasear. Pero no digo fantasía como la literaria, para pensar que eso no ocurre, sino que pienso en una fantasía para desrealizar, para deshacer, para que lo que es sea de otra manera”. (Silva: 1996, 116)

Desde hace poco más de 50 años la televisión se incorpora a la vida cotidiana de las familias. Hasta esos años, el cine era la única forma de mirar imágenes en movimiento con sonidos en donde se representaba la vida cotidiana. La televisión aparece, pero las dificultades económicas imposibilitan a las mayorías a contar con un aparato en el interior de sus viviendas. La televisión se miraba en comunidad con los vecinos que se reunían en la casa del más afortunado; quien en ocasiones cobraba veinte centavos por una tarde de mirar los programas de la época; desde las telenovelas hasta que terminaba “El Teatro Fantástico” de Cachirulo que marcaba la hora de regresar cada quien a sus casas.

En aquel momento la ciudad no era tan grande, pero poco a poco se fue desarticulando con su crecimiento y la llegada de la era global y mediática. “Las ciudades del tiempo de la videocultura o del ciberespacio se reubican en un ámbito no mesurable, un conjunto de redes y flujos, que existen tanto en el mundo físico como en el mental” (Canclini, 1996: 13).

En un principio la televisión, como el cine, unía a las personas en un solo espacio que igual formaba parte de la misma comunidad, en ocasiones había que cruzar solamente un patio o unas calles para llegar a mirar en compañía de los vecinos un solo programa, una sola sintonía sin la posibilidad de elección individual de lo que se miraba.

En este sentido, los gustos y las posibilidades de elección de los consumidores de televisión actuales reproducen la fragmentación de la ciudad y de la interacción social al interior de los hogares. Ya no es necesario ir al cine, a la casa del vecino, o ni siquiera mirar la televisión en la sala con la familia, hoy la mayoría de las familias de clase media y media baja cuentan con dos o más aparatos de televisión en la casa, para la sala, en las recámaras y hasta en la cocina; se fragmenta la socialización familiar y se fomenta un proceso de socialización individual con el mundo a través de la pantalla.

Ante la ausencia de los puntos de reunión como los patios comunes, fiestas vecinales, y la lejanía de otros lugares como los parques, el cine, los conciertos, los centros nocturnos, las actividades culturales; “los medios de comunicación sustituyen esos puntos de cohesión social y se establecen como los puntos de reunión en los mimos hogares” (Piccini 1996: 30).

“Lo que puede saberse e imaginarse de la mega ciudad nos llega menos por las limitadas experiencias directas que tenemos al viajar por ella que por las noticias y las reflexiones que la mirada “omnisciente” de la televisión instala en nuestro hogar […] construye visiones que simulan recomponer el sentido global de la vida ciudadana” (Canclini 1996: 18).

A diferencia del cine, la televisión se ubica en el interior del hogar, se integra a la vida privada de los integrantes del núcleo familiar ofreciendo alternativas visuales para cada uno de ellos, y por si fuera poco sus contenidos son actuales y permiten la socialización inmediata y simultanea con el resto del mundo, con lo que sucede en cualquier otro punto de la ciudad. “En vez de la información para orientarse en la creciente complejidad de las interacciones y los conflictos urbanos, ayudan a imaginar una sociabilidad que relaciona a las comunidades virtuales de consumidores mediáticos: los jóvenes con otros jóvenes; las mujeres con sus iguales… Las comunidades organizadas por los medios reempezarían entonces los encuentros en las plazas, los estadios o los salones de baile por los no lugares de las redes audiovisuales” (Canclini 1996: 11).

De esta forma, la televisión se coloca en el interior del hogar para traer lo público de la vida urbana a la intimidad familiar, y a su vez genera y transmite representaciones de esa intimidad a las pantallas de los hogares. La vida cotidiana privada se hace pública en este ir y venir de representaciones urbanas donde a su vez, lo público se mira en el espacio familiar, se construye y reconstruye una y otra vez el imaginario de lo urbano y de la forma de vida de los capitalinos en la Ciudad de México a través de las representaciones mediáticas.

¡Déjanos tus comentarios con tus ideas o experiencias al respecto!

Bibliografía:

•Aguilar Díaz, Miguel Ángel (1996) “Espacio público y prensa urbana en la Ciudad de México”, en Perfiles Latinoamericanos, año 5, num. 9, México, FLACSO.

•Augé, Marc (2001) “Ficciones de fin de Siglo” España, Gedisa.

•Barbero, Martín (1992) “El proyecto: producción, composición y usos del melodrama televisivo”, en Televisión y melodrama, Colombia, Tercer Mundo.

•Bonfil, Carlos (2001) “Las ciudades imaginarias del cine mexicano”, en La Jornada Semanal, 10 de junio del 2001, México.

•García Canclini Nestor: (1996) “Ciudades y ciudadanos imaginados por los medios”, en Perfiles Latinoamericanos, año 5, num. 9, México, FLACSO.

•Lewis, Oscar (1961) Antropología de la pobreza. Cinco familias, México, FCE.

•Mantecón, Ana Rosas (1996) “La ciudad de los migrantes. El cine y la construcción de los imaginarios urbanos”, en Perfiles Latinoamericanos, año 5, num. 9, México, FLACSO.

•Monsiváis, Carlos (1994) “A través del espejo; el cine mexicano y su público” México, El milagro.

•Silva, Armando (1992) Imaginarios urbanos, Bogotá, Tercer Mundo Editores.

•Piccini, Mabel (1996) “Acerca de la comunicación en las grandes ciudades”, en Perfiles Latinoamericanos, año 5, num. 9, México, FLACSO.

•http://www.esmas.com

•http://www.chavodel8.com

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